En 1981, los nietos de Miró, Olympia y Emilio Luengo Miró, donaron a Caja Mediterráneo el Despacho-Biblioteca que el escritor había tenido en su último domicilio, en el número 20 del madrileño Paseo del Prado, para que se instalara y conservara en la Biblioteca alicantina que lleva su nombre. De este modo, hicieron posible que los libros se mantuvieran unidos, evitando el riesgo de su dispersión, y facilitando su trabajo a estudiosos e investigadores. El Despacho puede ser visitado por quienes lo deseen.
La donación incluía los muebles, objetos y distintos recuerdos de Gabriel Miró y, evidentemente, lo más preciado de entre todo: los libros que formaban su biblioteca personal. Un total de 702 volúmenes que fueron descritos y clasificados en un Catálogo publicado por la Biblioteca, prologado por Vicente Ramos, y con una amplia introducción del profesor Ian R. Macdonald, Universidad de EEUU, que permite seguir la trayectoria de los libros de Gabriel Miró durante su vida y tras su muerte. Algunos de los ejemplares guardaban en su interior documentos gráficos, hojas, y decenas de pequeños fragmentos de papel con anotaciones manuscritas que forman hoy parte de nuestros archivos.